11 maggio 2006

[recap] Coppa Uefa al Siviglia

A calcio si può ancora giocare. Veramente ottimo è stato il primo tempo del Siviglia, ieri, nella finale di Coppa Uefa vinta sul Middlesbrough. Avere esterni come Daniel Alves (contattato in passato dalla Juve e ora sulla via di Barcellona,ma come vice Cafu Parreira ci ha proposto Belletti, prima di lui) e Adriano (su di lui c'era tempo fa l'Inter) e utilizzarli in maniera propositiva significa allenare: bravo a Juande Ramos. Cedute le stelle Reyes e Julio Baptista per cifre spropositate (lo spagnolo è andato via per oltre 50 milioni di euro), il Siviglia ha costruito una squadra che gioca davvero un bel calcio. Maresca, ieri doppietta, Saviola, Escudé (il fratello del tennista): sono tutti buoni giocatori che quest'anno hanno avuto un possibilità e l'hanno sfruttata alla grande. Io, innamorato pazzo di Luis Fabiano da anni, fino alla blasfemia del paragone con Van Basten (ma chi nel 2004 era con me in Brasile mi dava ragione...), per una sera mi sono preso una rivincita: Mitico "Fabuloso".
Di seguito la cronaca del match del Diario de Sevilla e il commento di Alfredo Relaño su AS:

FRANCISCO JOSÉ ORTEGA Un siglo o cincuenta y ocho años, da igual, pero el Sevilla eligió la forma más brillante para reconciliarse con su historia. Campeón de la Copa de la UEFA, en el grupo de los cinco equipos españoles privilegiados que han logrado alzar un título en una competición continental, y además con una auténtica exhibición en el Philips Stadion para sacarse la espina. Porque quién puede negar a estas alturas que no hay manera más grande para proclamarse campeón, a tantos kilómetros de distancia de su casa, acompañado por 10.000 fieles y con un rotundo triunfo por cero a cuatro, un póquer de goles de diferencia para protagonizar una de las mayores goleadas que se recuerdan en una final de este tipo.

Eso es lo que deja para la historia el Sevilla 2005-06, el equipo construido por José María del Nido y Monchi, entrenado por Juande Ramos y dirigido sobre la cancha por un italiano llamado Enzo Maresca. Pero sería injusto dejarse en el tintero a uno solo de los integrantes de una plantilla en la que todos, absolutamente todos, han sido importantes y han tenido su momento de gloria. El Sevilla Fútbol Club inscribe su nombre en el palmarés gracias a un partido de fútbol espectacular, encauzado por un gol de Luis Fabiano en el primer periodo, con un paréntesis de sufrimiento en la primera media hora del segundo tiempo y una apoteosis final que ni soñar siquiera podía el más furibundo de todos los sevillistas.

Pero nadie debe engañarse, no le resultó fácil al Sevilla, sin embargo, adaptarse al medio. El terreno de juego estaba mucho mejor en apariencia que en la realidad, con la hierba muy resbaladiza y eso va en contra del equipo que trata de rasear el balón. Si a eso se le suma que la tensión, con los nervios consiguientes, también es un elemento esencial en una final, todos estos ingredientes mezclados en una coctelera dan como resultado un partido más equilibrado de lo previsto por aquellos que piensan que en el fútbol siempre dos más dos fueron cuatro. Es verdad que los blancos ofrecían mejores vibraciones, pero no se sentían a gusto del todo.

Juande Ramos, como era previsible, había apostado por Luis Fabiano en detrimento del renqueante Kanoute y el Sevilla siempre lo intentaba, cierto, porque Maresca acudía hasta los centrales para recibir el balón y, sobre todo, porque Adriano se acercó al Adriano de los mejores momentos. La izquierda, por tanto, era la salida cómoda del balón, al menos de mediocampo hacia adelante, ya que por la derecha Daniel casi engullía a un Jesús Navas al que aún le cuesta trabajo escapar de las presiones inherentes a las citas más trascendentes, aunque lo consigue con el paso de los minutos.

El arranque del Sevilla, de cualquier forma, era prometedor. Los minutos de tanteo que dictaminan todos los manuales de las finales los había pasado con un par de acercamientos hasta Schwarzer que pudieron acabar en mucho más de lo que lo hicieron. En uno de ellos, el guardameta australiano salvó un gol en propia meta de Riggott, en el siguiente Saviola no llegó a rematar un servicio de Luis Fabiano. ¿Y el Middlesbrough? Fácil, balones hacia las bandas, muchos de ellos errados y búsqueda constante de Viduka para que éste se chocara con los dos centrales, a discreción, y fuera capaz de provocar segundas opciones para sus acompañantes arriba. Afortunadamente para los blancos, rara vez iban a conectar.

La fase de tanteo había sido intensa y en el segundo segmento del encuentro, el que va del minuto 15 al 30, se produjo la primera gran noticia para el Sevilla. El criticado Luis Fabiano, aunque Juande esta vez apostó fuerte por él, le dio la razón a su técnico y cazó un buen centro de Daniel. Espectacular remate de cabeza, como los delanteros centro buenos, como ante el Getafe hace sólo una semana, golazo y el Sevilla, dentro del equilibrio existente, se había puesto por delante.

De ahí hasta el intermedio poco más se podrá contar, todo lo contrario que en el arranque del segundo tiempo. El Middlesbrough apostó fuerte por enloquecer el partido, por jugar a la ruleta rusa y estuvo a punto de acertar, ya que Palop salvó a los suyos en un momento clave con un paradón a Viduka, pero era muy poco lo que ponían los ingleses y sólo era cuestión de acertar en una contra. Tardó en hacerlo, cierto, pero llegó, vaya si llegó. Y Juande también se la jugó con los cambios, un diez para él.

El Sevilla protagonizó un tramo final pletórico, Maresca liberó a los suyos en una contra que ideó Renato y desde ahí la locura. El club del Sánchez-Pizjuán acaba con una maldición y vuelve a ser un grande de pleno derecho, entra en el lugar que le corresponde a los campeones y lo hace nada más y nada menos que en Europa. Fue la manera más grande, sin un solo pero posible. El Sevilla vuelve a ser campeón.El regista del Sevilla dio una verdadera lección sobre el césped del Philips Stadion. Maresca supo marcar los tiempos del partido, leyó el fútbol, llevó la pelota de un lado a otro, proporcionó oxígeno a sus compañeros y encima fue capaz de marcar dos goles para escribir su nombre con letras de oro en la centenaria historia del Sevilla Fútbol. En el primero, siguió la jugada de Renato y el remate posterior hasta remachar con un verdadero delantero centro; en el segundo, largó un zurdazo tremendo. Exhibición a lo grande.




Alfredo Relaño: ¡Qué gustazo! ¡Qué gran partido, qué gran victoria, qué gran alegría! Una victoria así, rotunda y hermosa, pero al tiempo trabajada y sufrida, colma el alma de hincha que todos ponemos en marcha en una noche así. Y en este caso premia con toda justicia una tarea bien hecha, una larga y callada tarea de años, trabajando en los bancos, en la cantera, en los fichajes. Aquel Sevilla vapuleado por las frivolidades de González deCaldas era anoche campeón de la Copa de la UEFA, brillante vencedor de una competición en la que ya parecía haber hecho mucho, pero en la que se había reservado lo mejor para la última noche.

Un partido grande, trepidante. Y un partido en el que el Sevilla siempre fue un paso por delante, porque desplegó tanta energía como el rival, pero también más juego. Al principio tuve la impresión de que el Sevilla se estaba apuntando a un ritmo demasiado alto, que me parecía más favorable para el Middlesbrough. Pero este Sevilla es un equipo bien cuajado, en el que Juande Ramos ha sabido sostener las virtudes de equipo macho y resistente que implantó Caparrós, pero al tiempo le ha añadido juego, cuotas de calidad para establecer la diferencia en partidos de tanto vuelo como este.

Cien años esperando este día, titulábamos ayer este periódico. Ha merecido la pena. Una noche así pocos se la pueden permitir. Un partido esforzado y duro, en el que hubo momentos también para sufrir, en el que no faltó la intervención milagrosa de Palop, pero que al final se abrió poco a poco a una goleada sonora, gracias a la inspiración de Maresca, a la autopista que Alves se construyó en su banda, al buen juego de todos. Sevilla, Sevilla, Sevilla, el equipo de la casta y del coraje. Cien años de bella historia honrados en la noche más grande, una noche que compensa tantos años esperando un nuevo título.

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